Un buen plan dominical para Jesús es aquel en el que la faena de su empresa le regala una mínima tregua, puede ponerse al volante de su Pegaso y busca un sitio en el que almorzar por los alrededores de Jaén.
Aunque ya esté bien entrado en los 50, los ojos y la imaginación de nuestro protagonista se siguen coordinando perfectamente con su más tierna ilusión, de forma que lo que ve y lo que anhela resultan ser conceptos que transitan por la misma vía.
“Desde chiquitillo el estar montado en un vehículo siempre ha sido para mí lo máximo. En casa mi padre era panadero –recuerda–, pero mi familia acabó montando una granja de pollos. Junto a otro socio, mi padre compró entonces un Avia con el que vender huevos, en el que transportaban también orujo y vino.
